El Teatro de la Selva, espectáculo de Marimba Marionetas y Trastero Títeres

Leyendas de África para niños

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Pues sí, desde agosto del año pasado no escribía ninguna entrada en este blog. La razón es que durante el 2007 hicimos un total de 172 funciones y apenas si he tenido tiempo para otra cosa sino para estar encima de un escenario.

Hoy os traigo una leyenda de África, una de las cientos de ellas que leí -sin exagerar- mientras preparábamos El teatro de la selva.

Se titula ‘La muchacha que le temía al sol’. Espero que os guste:

Había una vez un jefe de tribu que no tenía hijos. Eso le hacía muy desdichado, y a su esposa, todavía más, tanto que un día fue a ver al Hechicero. Éste le dijo:
-Te voy a dar una poción y traerás al mundo una hija. Pero ten cuidado de que ningún rayo de sol la toque, porque en ese caso morirá.

Todo ocurrió como el Hechicero había dicho. Nació una niña y le pusieron el nombre de Seilat-Satsi, que significa ‘la niña que teme al Sol’. Pasados los correspondientes años se convirtió en una bella muchacha, pero a la que nadie conocía, porque jamás salía de la cabaña de sus padres.

En una aldea vecina vivía un muchacho llamado Masilo. Era el hijo del jefe y quería casarse, pero no lograba encontrar una esposa que le gustase. Un buen día una tía suya que conocía los deseos del joven, le dijo:
-Masilo, muchacho; me ha dicho la tía del sobrino de un amigo que el jefe de la una aldea vecina tiene una hija encantadora llamada Seilat-Satsi. Nadie quiere casarse con ella porque no puede salir de la cabaña de sus padres, ya que si lo hiciera, el Sol la mataría.

Masilo fue de inmediato a la aldea vecina y con mucha cautela se acercó a la cabaña en la que vivía encerrada Seilat-Satsi y consiguió verla a través de un pequeño hueco. Se quedó muy satisfecho con lo que vio y a su regreso le dijo a su padre:
-He encontrado esposa.
-¿Y quién es la afortunada? -le preguntó feliz su padre.
-La hija del jefe de una de las aldeas vecinas.
-¿No estarás hablándome de Seilat-Satsi? -gritó el padre, olvidado ya de su contento.
-Sí, ella es.
-¡Pero no puedes casarte con ella! -le gritó muy enojado su padre-. Seilat-Satsi sólo puede salir de su cabaña por la noche, si no lo hace, el Sol la mataría.

Muchos lo intentaron, pero nadie consiguió convencer a Masilo, que al final se casó con Seilat-Satsi.

El día de la boda Masilo llevó a Seilat-Satsi a su cabaña, protegidos por el manto de la noche y los festejos para celebrar el matrimonio duraron hasta el amanecer.
-¡Tengo sed! -dijo Masilo cuando el cielo empezaba a clarear.
Una de las muchachas de la aldea fue a buscar agua, pero cuando volvió Masilo la derramó en el suelo y volvió a decir:
-¡Tengo sed! Y quiero que Seilat-Satsi me traiga el agua.
-Sabes que Seilat-Satsi no puede salir al sol -le dijo uno de sus amigos.

Al oír aquello, Seilat-Satsi cogió un recipiente y fue a buscar agua, pero en el mismo momento en que puso el pie fuera de la cabaña el Sol brilló como nunca y la muchacha se convirtió en un hormiguero.
-¡Mira lo que has conseguido! -gritaron todos.

Pero era demasiado tarde. Del hormiguero salían sollozos y Masilo también se lamentó:
-¿Qué voy a hacer ahora?
-¡Tenías que haberlo pensado antes! -le dijo su padre-. Ahora debes ir a ver a los padres de Seilat-Satsi y contarles lo que ha sucedido.

Pero Masilo no se atrevía a ir, ni tampoco ninguna otra persona de la aldea.
-Enviemos un perro -dijo uno de ellos, y los amigos de Masilo buscaron un perro.
-Irás a la aldea vecina -le explicó el padre al perro- y dirás al jefe que su hija Seilat-Satsi ha salido de la cabaña cuando brillaba el Sol y que se ha convertido en un hormiguero.
-Bueno, guau, iré, guau -respondió el perro.
-¿Y qué dirás al llegar? -preguntó el jefe de la aldea.
-¡Guau! -ladró el perro.
-No es eso lo que debes decir -le respondió el jefe-, no nos sirves como mensajero.

Los amigos del recién casado fueron a buscar a un gato.
-Irás a la aldea vecina -le dijo esta vez el padre de Masilo al gato- y dirás al jefe que su hija Seilat-Satsi ha salido de la cabaña cuando brillaba el Sol y que se ha convertido en un hormiguero.
-Bueno, miau, iré, miau -respondió el gato.
-¿Y qué dirás al llegar? -preguntó el jefe de la aldea.
-¡Miau, miau! -maulló el gato.

Todos se dieron cuenta de que el gato tampoco les iba a servir como mensajero, y fueron a buscar a una gallina.

-Irás a la aldea vecina -dijo por tercera vez el padre de Masilo, aunque ésta vez a la gallina- y dirás al jefe que su hija Seilat-Satsi ha salido de la cabaña cuando brillaba el Sol y que se ha convertido en un hormiguero.
-Bueno, co co, iré, co co -respondió la gallina.
-¿Y qué dirás al llegar? -preguntó el jefe de la aldea.
-¡Co, co, cocorocó! Tu hija, oh noble jefe, ha salido al sol y se ha convertido en un hormiguero- respondió la gallina.

Todo la aldea, reunida ya en torno el jefe y la gallina, aplaudió y exclamaron todos al unísono:
-¡Eres maravillosa! Serás una estupenda mensajera.

Le pusieron entonces dos brazaletes en cada pata y la mandaron a la aldea vecina. La gallina corrió por el camino y los brazaletes hacía mucho ruido a cada paso que daba, hasta que por fin llegó a la aldea en la que vivían los padres de Seilat-Satsi.

En la cabaña del jefe, los miembros de su familia estaban sentados y bebían cerveza. Así, la gallina, tras batir sus alas se posó en el tejado y cacareó con toda su fuerza:
-¡Co, co, cocorocó! Tu hija, oh, gran jefe, tu hija Seilat-Satsi ha salido al sol y se ha convertido en hormiguero.

Al oír lo que decía la gallina, todos saltaron de sus asientos y la madre de Seilat-Satsi corrió a mirar la escudilla que su hija solía utilizar para comer: estaba descascarillada.
-¡Oh, mi pobre hija ha muerto! -gimió la madre, desesperada.

Cuando la agitación producida por la noticia dada por la gallina se calmó un poco, el padre de Seilat-Satsi corrió todo lo que pudo hasta llegar a la casa del Hechicero, el hombre más sabio de los alrededores y el mismo que había preparado la poción muchos años antes, y le contó la catástrofe que le había ocurrido a su hija.
-Haré lo que pueda -dijo el Hechicero tras conocer la historia. Cogió una poción mágica y fue hasta la cabaña de Masilo, que aún se lamentaba por lo sucedido.

El Hechicero observó el hormiguero por todos los lados, le hizo varios agujeros y en ellos vertió la poción mágica que había traído. Luego dijo:
-Traedme la piel de un cordero.

Cuando le hubieron llevado la piel, hizo más agujeros en el hormiguero, vertió más poción mágica y cubrió el montículo con la piel del cordero.

-Ahora tenemos que esperar- dijo el Hechicero.

Esperaron durante mucho rato, tanto que algunos de los curiosos se quedaron dormidos. Pero de repente la piel comenzó a moverse y Seilat-Satsi salió del hormguero.

-¡Corre hacia la cabaña, corre! -gritó el Hechicero.
Y Seilat-Satsi corrió hasta la cabaña de Masilo. El Hechicero la siguió y ya en la choza le hizo varios cortes en el dorso de las manos de Seilat-Satsi, y vertió en ellos poción mágica y le dijo a la muchacha:
-Ahora, coge un cántaro y ve a buscar agua.
-¡No! ¡No dejaré que mi esposa vuelva a salir al sol! -gritó Masilo.

Pero el Hechicero lo agarró con fuerza y le impidió que se acercara a Seilat-Satsi, y la chica salió de la cabaña.
Todos miraron con el corazón palpitante, pero Seilat-Satsi llegó hasta el pozo, cogió agua y volvió sin padecer ningún problema hasta la cabaña.

-Tu mal ha desaparecido -dijo el Hechicero- por el amor que sientes hacia tu marido que te hizo salir al sol,, a pesar de las advertencias; pero también gracias a la sabiduría de este anciano.
-El hombre más sabio de los alrededores -dijo Masilo.
-No lo olvidéis nunca -recalcó el Hechicero-, el amor y la sabiduría son el condimento de la vida.

Y desde entonces Seilat-Satsi no volvió a tener miedo al sol.

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